Prevenir la obesidad infantil.

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Prevenir la obesidad infantil.

Mensaje por AGUAMARINA el Miér Abr 14, 2010 7:37 pm

Lo primordial y más importante en los que se refiere a la prevención de la obesidad infantil es la información. Por ello es básico comenzar por describir cuáles son los factores que inciden en el desarrollo de la obesidad (genéticos, ambientales, psicológicos), explicar como inciden y en función de ello como prevenirlos.

La influencia de los factores genéticos es bastante conocida, ya que reiterados estudios científicos han demostrado que existen múltiples genes involucrados en esta enfermedad. Por ello los antecedentes familiares del niño son de suma importancia cuando se habla de prevención. Se estima que si un niño no tiene antecedentes familiares de obesidad (es decir que ninguno de los padres o abuelos son o fueron obesos) tiene un riesgo de 8 % de ser obeso, mientras que si uno de sus padres es obeso el riego aumenta a 40% y si ambos padres lo son, asciende a 80%. Esto aporta una primera línea de prevención, ya que si bien los genes no pueden ser modificados, frente a un niño con antecedentes familiares de obesidad, se debe estar alerta porque se sabe que tiene una gran posibilidad de desarrollarla. En estos casos es fundamental el rol del pediatra en los controles de peso, para que ante un cambio brusco de peso actúe rápidamente antes que se instale la enfermedad.

Con respecto a los factores ambientales es importante tener en cuenta todo aquello que socialmente favorece el sedentarismo en detrimento de la actividad física. Los avances tecnológicos han mejorado sustancialmente algunos aspectos de la vida cotidiana, pero al mismo tiempo han transformado a las personas en seres absolutamente sedentarios que manejan todo su entrono a través de un control remoto. A los niños se les suma que gran parte de los juegos y divertimentos de moda implican estar sentados quietos por horas (videojuegos, televisión, etc.). Los pediatras y especialistas recomiendan que los niños no pasen más de dos horas frente a la televisión. A esto se le suma el tiempo que están frente a los videojuegos, en las tareas escolares curriculares, etc. Lo más acertado en estos casos para ir en la línea de la prevención, es desde el mundo adulto controlar efectivamente la cantidad de horas que están sentados mirando televisión o jugando. Incentivarlos a realizar deportes en un club, o simplemente planificar actividades en familia durante el fin de semana que impliquen un poco de movimiento.

Lo factores psicológicos o emocionales tienen su incidencia y muchas veces son uno de los desencadenantes de esta enfermedad. La comida no cumple sólo un rol nutricional, sino que tiene componentes emocionales; no se come únicamente para alimentarse, muchas veces se come porque algo es rico, provoca placer y hace sentir bien. Esto es válido para todas las personas, el problema surge cuando se utiliza la comida como forma de paliar otras dificultades emocionales, cuando se canaliza a través de ella la ansiedad, la depresión, etc. Cuando el alimento es usado con ese fin, además de no solucionar el problema, generalmente se agrega otro: se aumenta de peso. En los niños con sobrepeso u obesidad, en general se encuentran uno o varios hechos desencadenantes. Estos pueden ser cambios en la dinámica familiar (separación de los padres, nacimiento de un hermanito, etc.). Para el niño estos cambios pueden ser difíciles de manejar, provocándole ansiedad y angustia, las que en ocasiones puede expresar con cambios notorios en la conducta y otras veces de formas no tan evidentes. Algunas de las conductas que pasan desapercibidas son las relacionadas a la forma, cantidad y calidad en los alimentos. Comienzan a picotear entre horas, o a repetir porciones, se vuelven más selectivos a la hora de comer, prefiriendo alimentos con altos contenidos grasos y calóricos. Siendo este un claro ejemplo de cómo el niño canaliza la ansiedad y angustia a través de la comida.

La forma de prevención más efectiva es estar atentos a cualquier cambio en la vida del niño y darle la posibilidad de que se exprese con palabras, escucharlo, preguntarle y acompañarlo. La prevención de la obesidad infantil evita complicaciones a nivel clínico – metabólicas (hipercolesterolemia, hipertriglicemia, diabetes tipo 2, etc.) y también dificultades a nivel psicoemocional (trastornos del estado de ánimo, trastornos de la ansiedad, de la conducta alimenticia: bulimia y anorexia, etc.)
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